CARTA : A QUIEN UNA VEZ LLAME, ERRONEAMENTE AMOR


¿Ha pasado tiempo ah?, desde esa última vez que te escribí, te vi o incluso te pensé; ¿te acuerdas?, cuando te decía: “¡te odio! no entiendo porque me pagaste así, te perdoné y lo hice más de una vez, por eso en esa despedida lloré en un mar de lágrimas, como una niña chiquita, no entendía sinceramente en ese momento no entendía, y me costó hacerlo, me costó entenderlo.

Hoy han pasado los días y algunos meses, y puedo decirte que no te detesto, sino al contrario te agradezco, es raro ¿cierto?, bien tengo mucho que agradecerte a ti, a quien fue mi amor y una vez me destruyó.

Te doy las gracias por las lágrimas, pues ellas me enseñaron a que la tristeza no es mala, que llorar no es sinónimo de debilidad, es la expresión más humana, de alguien que supo entregar el corazón sin importar nada, y en este aspecto salí ganando, porque sé que muy pocas personas hoy en día te amarían, se entregarían, más aún conociéndote como en ese momento no lo hacía.

Gracias por las falsas promesas, pues me hicieron comprender, que cuando quiera llegar a una estrella, soy yo quien debe conseguirla, aprendí a no necesitar que alguien me la alcanzará, pude bajarla sin tu ayuda, pues hoy no soy la niña que conociste y botaste herida, soy yo, la mujer que viene a mirarte sin miedos.

Muchas veces mientras lloraba, solía escribirte, ya fuera en el trabajo, una noche de lluvia, donde de ti me acordará, luego borraba todo y actuaba como si nada, limpiándome la cara y mostrándole al mundo que la Diana que conocían la insensible, la fuerte, aun conmigo estaba.

Pero hoy eres pasado, eres un dolor superado, te has vuelto tan solo un recuerdo, por eso hoy he decido escribirte estas palabras:

“Hoy ya no quiero ni busco que algún día te sientas mal por aquello que tú y yo sabemos que me hiciste, no se trata de repartir culpas o tenerte rencor, pues no lo necesito. Sólo quiero decirte algunas cosas que jamás de mi salieron, palabras que aún tengo muy guardadas adentro. Solo se trata de decir lo que en su momento tu mentira y egoísmo me hicieron sentir.

Una relación es un promedio de un 50% y un 50%, pero yo lo entendí tarde, pues por amarte me convertí en alguien que no era, pero sobretodo en esa mujer que no quería ser, alguien que perdonaba aun cuando sabía que no lo merecías. Me conformé con aquello que a tu amor le sobraba después de una noche en otra cama con una mujer mucho más adulta; si, ya sabes bien de quién hablo y hoy puedo decir públicamente que ese error tuyo ya no lo cargo, espero tu familia no se entere, no me imagino la cara de tu madre al saber que te acostabas hasta con sus amigas, y te repito, si, escuchaste bien, conozco tus mentiras, tus pecados fueron tantos, que de mí no pudiste ocultarlos, y hoy te alcanzaron, hoy en día a veces bromeo con eso de estar sola, pero, ¿te digo algo? Sin ti a mi lado me siento menos sola.

A mi lado nunca estuviste realmente, pues un cuerpo con un alma tan vacía como la tuya, que necesita viajar de cama en cama, coqueteándole a una y a otra para mostrar ese “macho alfa” que solo tú crees ser, un macho alfa que sin embargo necesita ganar la admiración de unos tantos más como tú, y ¿por qué no? de las que tu y  yo sabemos te gusta tener a escondidas incluso de los que llamas amigos.

Aunque en ese momento no lo entendía, ¡hoy lo logre! y eso me permitió perdonarte, pues puedo llegar incluso a decir que  hoy en día hasta te compadezco, no debe ser fácil vivir con ese corazón que tienes, con tantos miedos, que para sentirte hombre debes ir probando cual mujer se te atraviese y no te lo digo porque te odie, me conoces bien y sabes lo directa y sincera que puedo ser , no te insulto, de hecho quiero que me escuches, que me leas, y entiendas que el amor no se consigue de esa forma y un corazón con huecos no se llena a punto de excesos.

¿Sabes? Tal vez el proceso más duro que viví, fue perdonarte la presión y ¿por qué no?, el abuso psicológico y emocional que ejerciste sobre mí, pero sobretodo perdonármelo a mí, por permitirlo entrar aquí, en la vida de una mujer que no conocía miedos y siempre decía, - “¿con mi genio quien me va a hacer daño a mí?”,” ¡a mí nadie me tocará un solo pelo!”, pero les cuento que a veces las palabras pueden doler tanto o más que un golpe en la cara, pues no es un dolor físico , es un dolor que destruye esa conexión y amor con uno mismo.

Hoy entiendo que cualquiera puede ser víctima aquí, sin distinción de género, raza o etc... (yo me sentía invencible, jamás un hombre me violentaría, pero no fue así..), hoy entiendo que por mucho tiempo me conformé con lo poco que me dabas de ti, pues me hiciste creer que eso era lo que me merecía, sólo migajas, me lavaste la cabeza y el corazón con tus comentarios machistas “no encontraras alguien mejor que yo”, “quien te va a amar de verdad como lo hago yo”, “yo me comí esa y esa y esa, ¿ves cómo a cualquier puedo tener?” palabras y comentarios continuos que solo desvalorizaban quien era, como me veía a mí misma, llegando al punto de sentirme afortunada de tenerte junto a mí.

Hoy finalmente me di cuenta que eras, eres y serás todo aquello que no quiero para mí, que merezco más de lo que tú me hiciste creer, que tener pecho o un pene no te hace hombre, y créeme no es un insulto, pero estas muy lejos de ser uno verdadero, y no eres el único, pues conozco muchos más así.

Hasta que un día sin importar aquellas mentiras que te había perdonado, las lágrimas que había derramado (porque me di cuenta que eso fue lo que me disté a conocer como amor, solo dolor), aquellas veces que tomando mi mano juraste quedarte a mi lado, decidiste cometer la peor de tus traiciones.

Te fuiste por un tiempo jurándome el cielo, yo me quede esperándote, no sé si fue por ciega o tal vez en el fondo lo sabía, pasaron los días y cada vez me alejabas más de ti, dejaste de llamarme, de escribirme, no te importaba lo que sintiera por ti, hasta que un día no supe más de ti, y no por que no escribiera, solo dejaste de responderme porque sí... pero de repente apareciste de nuevo, diciéndome te amo a los ojos, jurándome que era la única, ¿qué tan miserable es una persona que juega con quien lo ama sin ninguna traba?.

Yo a este punto no te creía mucho, sin embargo ¿cómo podrías mentirme cuando mirando a mis ojos me decías no te perderé te amo?, hoy sé que si es posible y que existen personas como tú, que lo hacen sin remordimiento, cuando me enteré de ella, me dolió tanto que mejor ni te cuento, ¡te pregunté tantas veces! ¡te di tantas oportunidades!, pero nunca supe si fue por falta de huevos o exceso de ellos que negabas lo que ambos sabíamos ya.

Al principio fue extraño, pues todo aquello que decías amar de mí, en ella no lo veía, me hizo entender que todo era mentira, cada te amo, cada promesa, lo mucho que decías amar mis ojos con largas pestañas, mis cejas pobladas, mi estatura, cosas y cosas que pasaron a ser mentiras, como un recital de estrategia para una conquista.

No me volví la ex novia loca, que acosaba, de hecho no me dedique a odiar a aquella mujer por la que me dejaste a mí, y aunque admito que te odie, incluso acepto que te pude haber insultado un poco el día que me entere,  o aquella vez que supe que vivían juntos, incluso cuando me decías te amo aun a mí, decidí irme de tu vida, tan silenciosamente como llegue, no puedo negar que siempre espere un “lo siento”, sin embargo ambos sabemos que yo te perdone y te lo hice saber, pero perdonarte no es sinónimo de querer volver a encontrarte.

Fuiste un mal episodio, de esos que les pasan a las buenas protagonistas, una caída que me volvió maestra y directora de mi propia película, no puedo negar que aun espero que entiendas algún día el daño que causaste en mi vida.

Pero hoy, como te dije al inicio te doy las gracias, porque aprendí a darme cuenta que soy una mujer muy difícil de tumbar, que soy una mujer que sabe amar, de esas por las que vale la pena perder la cabeza, de esas mujeres que no les da miedo la soledad, porque después de ti aprendí a estar conmigo, conocerme y perdonarme cada momento que permití que me hirieras así.

Logre perdonarme las veces que me compare con otras, porque tú me hiciste sentir que debía competir con alguien más por ti (pero seamos sinceros, ¿realmente crees que hay algo en ti por qué luchar?, y no es odio, es que eres solo uno de muchos más), aprendí a levantarme y a amarme, a cuidarme  a obtener lo que quiero, a no recibir menos de lo que merezco, a no llenar vacíos con amores de momentos, a no tenerle miedo a la verdad, a saber que caer no es sinónimo de derrota, y después de todo esto solo puedo deserte lo mejor junto a ella, a quien decidiste amar, no la odio siempre te lo dije, solo le pido a la vida que no le hagas lo que a mí me hiciste, y aunque te perdone,  y la última vez que te vi por ti nada sentí, te repito lo que una vez te dije, ten cuidado con lo que juegas, lo que lastimas y rompes, pues la vida es como un restaurante y nadie se va de él sin antes pagar la cuenta”.

Adiós y buena Suerte.

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